La noche que en Quito fui la Selección
- Sin Método
- 8 jun 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 jun 2020
31 de enero de 2017. San Miguel de Tucumán, Barrio Norte, esquina 25 de Mayo y Chile. Los rostros de los hinchas decanos expresan preocupación a medida que se retiran del Estadio Monumental José Fierro.
El resultado del cotejo no es favorable, empate 2 a 2 frente a El Nacional de Ecuador. Panorama complicado de cara al partido de vuelta, pero restan 90 minutos y la historia aún no termina.

Las noches de verano tienen un frenesí tan magnético que las convierte en especiales. Son únicas, porque la vida de vez en cuando, juega a ser un director de cine en donde sin casting previo toma a un actor desconocido y lo convierte en el hacedor de las hazañas más imposibles de realizar. Hoy el protagonista de esta película se llama Atlético Tucumán. El 6 de febrero, el Decano llega a Ecuador para hacer base en Guayaquil y así evitar sufrir los venenosos efectos de los 2.800 metros de altura de Quito. Al día siguiente, el plantel parte aproximadamente tres horas antes rumbo al aeropuerto para dirigirse a la capital ecuatoriana.
Al llegar al aeropuerto, todo parecía seguir los pasos normales de rutina de un check-in para poder viajar. Pero como en toda epopeya, comienzan a surgir los problemas a los cuales el protagonista debe superar. Tal es así que cuando la delegación compuesta por dirigentes, jugadores y cuerpo técnico se disponían a abordar la nave, desde la cabina informan que el vuelo no sale. ¿Como que no sale? pregunta Mario Leito, presidente de la entidad tucumana. La directiva comienza a exigir respuestas a la aerolínea. Pareciera ser que todo comienza a ponerse en contra . Algo salio mal, resulta ser que el avión ya no cuenta con los permisos para poder realizar el viaje. Insólita situación.
Hasta ese momento, los dirigidos por Pablo Lavallén, llevan hora y media de retraso para el encuentro futbolístico pactado a las 21:15. Después de momentos de incertidumbre, el club compra pasajes en un vuelo comercial para que viajen los futbolistas y la conducción técnica. Finalmente emprenden vuelo, pero durante el transcurso del viaje, se da otro mal habido inconveniente. Los directivos informan que la utilería no había sido cargada, por lo tanto no había camisetas para jugar. Pero cuando pareciera que ya no hay luz al final del camino, ocurre la intervención milagrosa de los utileros de la Selección sub-20. Quienes con gran generosidad, característica en su profesión, ponen a disposición la inmaculada celeste y blanca para que este pequeño gigante tucumano pueda medirse en duelo en tierras ecuatorianas.
Una vez que el avión aterrizó, surge la aparición de un personaje secundario, que por un momento se lleva todas las luces en este escenario. Luis Juez, embajador argentino, el cual pone a disposición todas sus herramientas diplomáticas y escolta al equipo a través de la autopista que conecta el aeropuerto con el Estadio Olímpico Atahualpa para facilitar su desplazamiento y evitar demoras. Finalmente el plantel llega y sin más preámbulos ingresa al vestuario, próximo a equiparse para la batalla que se avecina.
Existe un viejo “ABC” del deporte que sostiene que lo emocional juega mucho más que lo físico, justamente eso es lo que los jugadores estaban atravesando y sintiendo, dispuestos a luchar ante cualquier adversidad. Reunidos en el túnel, saltaron al campo de juego vestidos con la indumentaria de nuestro querido país.
No tomaron dimensión, pero esa noche en Quito, Atlético Tucumán fue la selección argentina.
Como todo partido clasificatorio, fue ceñido, trabado y mezquino durante los primeros 45´ minutos. Comienza el segundo tiempo, algo está por suceder, la tierra se detiene durante un instante, más precisamente en el minuto 63´. Despega sus pies del suelo Fernando Zampedri y conecta el centro con un fuerte cabezazo que tiene dirección al arco del equipo local. Silencio por unos segundos. Incertidumbre, pero finalmente resuena el más lindo de los gritos “GOOOL” , se escuchó desde cada una de las tribunas repletas de hinchas tucumanos, a la distancia toda una provincia festejó.
Este recuerdo quedó inmortalizado a través del relato de Gustavo Cima. Recupera Nery Leyes. Canuto. Evangelista. Queda desairado Ordoñez. Pelota para Barboooona, se viene Barboooona, toca al costado, sube Canuto (en realidad era Evangelista), llega el centro, está Zampedri...

Escrito por:
Gabriel Pérez Velardez
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