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Derrota digna

  • Foto del escritor: Sin Método
    Sin Método
  • 22 ene 2021
  • 3 Min. de lectura

En un mundo tan vorágine, atravesado por el resultado, que sostiene que de el segundo nadie se acuerda y que lo único importante es ganar, de vez en cuando aparecen excepciones a esta regla dura y vacía . Una de ellas, son las derrotas dignas aquellas que llenaron la retina de cada uno de los amantes de este bendito deporte, al demostrar que se puede hacer frente a lo más atemorizante, confiando sobre todo en cada una de las virtudes que permitieron recorrer el camino en búsqueda del objetivo.


5 de enero de 2021. Estadio Libertadores de América. Resultado final, derrota 0-3 para los dirigidos por Marcelo Gallardo. Los rostros de los jugadores expresan incertidumbre a medida que abandonan el campo de juego. Panorama complicado, pero restan 90 minutos y la historia aún no termina.


Popularmente está instaurado, que perder te vuelve más débil y la sociedad compra esa mentira como diario recién salido un lunes por la mañana. Es como una neblina negra y oscura, que intenta comenzar a hundirte en un mar de dudas, hasta finalmente ahogarte en el miedo por completo. Mi vieja, entre tantas noches de pesadillas de por medio, me enseñó que el temor nos paraliza, porque muestra todo aquello a lo que tememos, pero que la mejor forma de hacerle frente es atacándolo. Y así lo hizo Marcelo Daniel Gallardo, como un faro en la oscuridad, al declarar: “a mi nada me va a cambiar un resultado de fútbol por más malo que sea. Nada. Aquellos que me están esperando que sigan esperando, porque no me va a dañar un resultado de fútbol”.


12 de enero de 2021. Brasil. São Paulo. Partido de vuelta por las semifinales de la Copa Libertadores. Noche lluviosa, que vaticina la antesala de un partido épico. River salta al campo de juego, sabiendo que es a todo o nada, jugándosela al mil por mil. El árbitro da el pitazo inicial y rueda la pelota en el Allianz Parque. Allí en ese momento, donde la suerte y el azar juegan también, Gallardo es el reflejo de una frase enorme y vigente de Nietzsche que habla sobre miedos y corajes: “Solo puede ser intrépido quien conoce el miedo pero lo supera, el que mira el abismo con orgullo”. Porque remontar un 0-3, es el abismo absoluto. Porque aunque era posible, el camino era muy difícil. Porque en este deporte, dirigido por una pelota caprichosa que con sus decisiones puede perjudicar o favorecer, no hay tiempo para remordimientos solo queda jugar.


River fue un tromba en el primer tiempo. Como un boxeador que busca el nocaut desde el primer asalto, puso contra las cuerdas al Palmeiras. Lo hizo, siendo un equipo corto, presionando alto, para así poder ser profundo y lastimar. Vaya que lo hizo, a los 29’ minutos del primer tiempo Robert “el sicario” Rojas conectó un centro y puso el 1 a 0. Solo pasaron 15’ minutos, para que como buen centrodelantero pescador, Rafael Borre empuje bajo el arco lo que era el 2 a 0 para la visita.


La segunda mitad tuvo muchas ocasiones para River Plate. Pero por cosas del azar y otras más, la pelota no quería entrar. Aún así en ese contexto desfavorable, los jugadores se brindaron al 120%. Phill Jackson, entrenador de los míticos Chicago Bulls de Jordan, dijo que cuanto más se hablaba desde el corazón, más jugadores lo oían y daban lo mejor de sí. Así fue, que los jugadores millonarios dieron ese plus máximo para intentar lograr torcer un destino que parecía anunciado. Pero no alcanzó, porque la realidad muchas veces pesa más que lo ideal.


Si tendríamos que agarrar un diccionario y buscar la definición de “derrota digna” tendría que aparecer como resultado Marcelo Gallardo. Porque si hay una forma de perder que sea esta. Su forma de sentir y vivir el fútbol es simplemente algo digno de observar, aprender y aplicar a todos y cada uno de los contextos de la vida.




 

Escrito por: Gabriel Pérez Velardez


 
 
 

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